Cuando un hecho se repite varias veces, en poco tiempo, no es debido a la casualidad. El veintiocho de enero del 2010, al pasar con mi coche por una avenida del Puerto de Mazarrón, vi a un personaje con dos bicicletas ; acto seguido paré mi vehículo, dicho personaje dejó las bicicletas en el suelo y salió corriendo.
Seguramente serían de alguna pareja de turistas (curiosa forma de promover el turismo).
Es de agradecer que huyera, pues demostró que sentía un poco de temor, otras veces no muestran temor alguno, como si la ciudad fuera de ellos. A algunas horas lo es.
Alguien pensará, que este aumento de la delincuencia, sea debido a la crisis. Es posible que el problema se acentúe, pero, creo, que el que es hijo puta, lo es con crisis o sin ella.
Por supuesto, que los que cometen estos actos, no son las fuerzas de seguridad, ni los jueces que hacen cumplir las leyes que les dan, tampoco es el político el que cogió las bicicletas ni mucho menos el que asesinó a Marta del Castillo. Pero si este último, por las leyes actuales que mantiene o promueve, de alguna manera si tiene la culpa de que estos delincuentes campen a sus anchas.
A cualquier persona honrada, se le revuelven las tripas, al ver en los medios de comunicación a los valientes asesinos de niños vacilando a las autoridades: un día que si la tiraron a un río, otro que si está en un vertedero.
Seguro que estos crímenes seguirán ocurriendo, pero también es verdad que hay métodos para que hubieran dicho, ya hace tiempo, donde se encuentra el cuerpo.
Alguien debería ser menos hipócrita y ser un poco más severo con los presuntos culpables y menos cruel con los inocentes.