jueves, 26 de noviembre de 2020

Lepórido representando: conejo con tomate y bolas de mi cosecha.


 

martes, 24 de noviembre de 2020

UN MARTES POR LA MAÑANA

 


Me decía esta mañana un colega en mediamark: ¡se ven más tonetes que chicletos!. Es verdad, hace bien poco, clavé un barrilete que causó asombro entre los que han visto bastantes, siento no haberle sacado alguna foto, debía de tener prisa por algún motivo y no quise perder tiempo. Llamo mi atención el que junto a él hubieran tanas recientes de chicletos vacías. ¿Cómo no lo han visto? me dije. Y no es que fuera un epinephelus itinerante como ocurre a veces que al verse sorprendido se esconde en la primera piedra que ve, además llevaba de escuderos a varios meritos pequeños que respeté como buen rano responsable. Su escondite no tenía dificultad, ni por la profundidad ni por la complejidad de su cueva. El tonete siempre ha sido apreciado, aunque yo prefiera un buen higo sonrosado. 

sábado, 14 de noviembre de 2020

CORTIJO DE LOS PERROFLAUTAS

 Ayer Borriquete visito el cortijo, desde el pasado invierno no había estado. Es una zona muy buena, el único pero es que como su recorrido se hace siguiendo el acantilado, si otro rano ha pasado un poco antes, -como es habitual en la actualidad-, el salir de bolo está garantizado. Empero, como dice un amigo visitante del blog, el chicloideo empieza a acercarse a sus querencias. Varias tanas tenían su premio.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

ATÍPICA PESQUERÍA


Donde ha estado hoy Borriquete va muy pocas veces al año, cuando lo hace es porque así lo aconseja algún temporal. Hoy quien lo ha invitado a visitarlo ha sido el dichoso cierre perimetral. Esta zona es frecuentada por jóvenes ranos, lugareños y también algún foráneo. No ofrece demasiada dificultad. En esta época del año, los chicloideos se suelen acercar por allí, y eso es lo que andaba buscando el Borrico. Enseguida  empezó a ver tanas vacías de chicletos, algunas delataban que su antiguo morador  daba la talla, alguno habrán dejado se decía, pero no, muy pocos habían dejado, estos jóvenes son jóvenes pero también son "espabilaos". Empezaba Borriquete a sospechar que algún barril iba a ver, casi siempre cuando busca una cosa encuentra otra. Y así fue, pero no esperaba verlo de esa manera. Aún llevaba la boya en la mano para evitar que los demás accesorios que cuelgan de ella se fueran enganchando en el fondo, pues apenas habría 1 metro, cuando apareció el epinephelus todo lo largo que era entre unos bloques. Borriquete se paró en seco y dio marcha atrás,- luego se arrepintió de no haber intentado disparar, pues de haber fallado, igual más tarde lo hubiera podido sacar-. Dejó su boya y se acercó ya preparado, pero el barril, cansado de esperar y se había escondido. Borriquete busco una piedra adecuada que colocó entre su cinturón y el traje, ya que era tan poca la profundidad que resultaba difícil sumergirse sin estar pataleando de forma grotesca. Tuvo suerte y pudo verlo bajo la roca, fue un poco laborioso el sacarlo, aunque temió que le hubiese  costado más. Al poco aparecieron dos lechas despistadas en unos 3 metros de agua. 
  

lunes, 2 de noviembre de 2020

PESQUERÍA DE CIERRE PERIMETRAL


 Poco que contar sobre la pesquería de hoy, solo decir que Borriquete, debido a las limitaciones perimetrales, pensaba echar su mañana sin más, empero, como siempre, es El Soberano Artífice el que dispone, y hoy ha dispuesto que Borriquete no se salga de vacío.

domingo, 1 de noviembre de 2020

LA CORVINA LE AGUÓ LA FIESTA

 Este viernes pasado Borriquete hizo la visita que tenía pendiente, unos días antes lo intentó, pero el agua estaba aún muy sucia y no pudo encontrar las piedras de marras, así que para no perder el tiempo se salió. Este día el agua estaba estupenda, muy clara, el único pero, era que para él, ya estaba demasiado fría, a la media hora ya estaba incomodo. En las primeras piedras que llegó vio un hermoso barrilete huir rápido a esconderse bajo una gran cornisa. Después de fondear su boya, bajó por si el animal estaba asomado, cosa frecuente en los meros. Al no verlo, realizó una segunda inmersión, ya linterna en mano con la intención de "radiografiar" la cueva, enseguida vio al fondo, un merito que por su experiencia como rano- de algo le tendría que valer los años-  pensó que podía ser el que había visto antes, y que al estar muy lejos daba la impresión de ser más pequeño. Todavía realizó varias inmersiones antes de dispararle, pues la verdad, no estaba seguro de si era el que había visto antes, además, si el arpón se quedaba clavado en el fondo, no lo podría sacar, pues no llegaría a él y terminaría aquí la pesquera. Después de apuntarle durante bastante tiempo, pues el mero estaba acostado y apenas tenía ángulo disparó, en esta ocasión con suerte. Tiró rápido del fusil, después del nailon y por último del arpón en el que estaba el hermoso barrilete que apenas se debatía y que minutos antes  había visto ahí esconderse. Borriquete siguió tan animado pues acababa de meterse y ya llevaba una buena pieza, se dirigió entonces a las piedras que comentó al principio y cuando llegó, vio que las familias de tonetes seguían allí, confiadas, entrando y saliendo de sus escondrijos. En varias inmersiones fue transformando las familias numerosas en monoparentales, pero sin esquilmar, en parte porque el frio ya había hecho mella en él y en parte porque los tonetes que quedaban, ensuciaban su cueva adrede para ocultarse. Borriquete tiene argucias para salvar este último contratiempo, pero prefirió poner rumbo a tierra. Cuando iba de regreso, sobre una pradera de posidonia a medio segar, vio una enorme corvina que intentaba ocultarse. Entraba y salía de un grupo de algas para meterse en otro, en una inmersión el Borrico disparó pero erró el tiro y la flecha quedó clavada en los rizomas. Como seguía viéndola, pues no huía en línea recta, sino que daba vueltas por el mismo sitio, cogió el fusil corto sin perderla de vista. Así estuvieron un rato jugando al ratón y al gato hasta que finalmente la corvina le despistó. A pesar de llevar una pesquera importante, Borriquete se fue contrariado. La gran corvina le había aguado la fiesta.