Borriquete, con la premura de llevar menos peso, se ha precipitado al cambiar de traje; la culpa la tuvo la pasada ola de calor, esa ola duró una semana escasa y el agua no terminó de calentar, por lo menos para él. Ayer lo llamó un amigo y esta mañana se fueron de "madrugá", pues las previsiones eran que el levante saltara a medio día. Ya en el agua, Borriquete se dirigió al "embolao" que no quiso ir el día anterior por la termoclina, afortunadamente hoy no había, pero desafortunadamente los meros tampoco. Bajó un par de veces y solo vio uno decente que se escondió al momento, miró de forma superficial por si veía asomar el hocico por algún hueco -Borriquete ya no está para escudriñar a esa hondura- como no lo vio abandonó el sitio. Con el traje del año pasado, ya más desgastado, aunque no tenía un frio excesivo, le daba pereza el capuzar ahí. De regreso, iba pensando que debía haber dado algún capuzón más, - si vas allí expresamente para ver si ves alguno y le puedes tirar, no es lógico que te vuelvas a la primera de cambio-, se decía así mismo, dio la vuelta entonces y regresó al "embolao". Allí seguía el epinephelus, el Borrico capuzó y el merete volvió a esconderse, capuzó de nuevo, en esta ocasión no miró por donde se había escondido, sino por otro hueco cercano, primero vio la cola, fue asomándose a hurtadillas hasta que vio como medio cuerpo y disparó, no quiso esperar a verle la cabeza por miedo a espantarlo, tuvo suerte, pues la flecha le atravesó la espina y no se debatió. De haberse enrocado, El Borrico hubiera sufrido bastante.
viernes, 1 de julio de 2022
¡Que caja más "apañá"!
Borriquete, con la premura de llevar menos peso, se ha precipitado al cambiar de traje; la culpa la tuvo la pasada ola de calor, esa ola duró una semana escasa y el agua no terminó de calentar, por lo menos para él. Ayer lo llamó un amigo y esta mañana se fueron de "madrugá", pues las previsiones eran que el levante saltara a medio día. Ya en el agua, Borriquete se dirigió al "embolao" que no quiso ir el día anterior por la termoclina, afortunadamente hoy no había, pero desafortunadamente los meros tampoco. Bajó un par de veces y solo vio uno decente que se escondió al momento, miró de forma superficial por si veía asomar el hocico por algún hueco -Borriquete ya no está para escudriñar a esa hondura- como no lo vio abandonó el sitio. Con el traje del año pasado, ya más desgastado, aunque no tenía un frio excesivo, le daba pereza el capuzar ahí. De regreso, iba pensando que debía haber dado algún capuzón más, - si vas allí expresamente para ver si ves alguno y le puedes tirar, no es lógico que te vuelvas a la primera de cambio-, se decía así mismo, dio la vuelta entonces y regresó al "embolao". Allí seguía el epinephelus, el Borrico capuzó y el merete volvió a esconderse, capuzó de nuevo, en esta ocasión no miró por donde se había escondido, sino por otro hueco cercano, primero vio la cola, fue asomándose a hurtadillas hasta que vio como medio cuerpo y disparó, no quiso esperar a verle la cabeza por miedo a espantarlo, tuvo suerte, pues la flecha le atravesó la espina y no se debatió. De haberse enrocado, El Borrico hubiera sufrido bastante.
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